Lucas Romero, director de Synopsis: “A la gente no le gusta cambiar de opinión”

A un año de las elecciones generales de 2019, y sin la oferta electoral definida, ¿qué pueden decirnos hoy las encuestas? Expectativas, proyecciones y danza de nombres que configuran un escenario en los que múltiples reflejos de 2015 se hibridan con nuevos interrogantes.

Para conocer algunas respuestas y pensar nuevas preguntas Comunicación Pública entrevistó a los consultores más relevantes de la Argentina quienes reflexionan sobre los resultados de sus últimos estudios y encuestas.

En esta primera entrega el Licenciado Lucas Romero, director de Synopsis Consultores dialogó con CP sobre los resultados del último sondeo de la consultora, publicado en octubre de 2018.

¿A un año de la elección y sin la oferta de candidatos definida qué puede realmente medirse en términos electorales?

Yo siempre digo que así como los bioquímicos toman muestras en recipientes estériles para luego hacer sus análisis, a los investigadores sociales nos sacude la misma ley, y necesitamos no contaminar nuestras muestras: Cuando hacemos relevamientos debemos intervenir lo menos posible en la respuesta del encuestado, y claramente ahí nuestro recipiente estéril es la pregunta.

Entonces, cuando estás con tanta distancia de una elección, y no tenés definida la oferta electoral al hacer un estudio necesariamente vas a contaminar la muestra porque le vas a proponer al encuestado una determinada composición de esa oferta. Para salvar esa dificultad, que es algo que nos excede, y a lo que se suma que tenemos un sistema de partidos muy volátil y poco consolidado, lo que nosotros estamos haciendo, y también hicimos durante 2017, es preguntar la intención de voto por el oficialismo y por la oposición, entendiendo que allí hay una menor contaminación de la consulta.

Preguntamos: ¿Está más inclinado a votar por el oficialismo, o por alguna fuerza opositora? Eso ya nos marca algunos elementos para anticipar el escenario que estamos viendo y proyectarlo a 2019.

¿Y qué nos podés contar en torno a ese escenario?

Lo que vemos es que el gobierno, a pesar de la crisis económica, viene de manera consistente en los últimos meses mostrando niveles de apoyo electoral en torno al tercio del electorado. El último registro nuestro está en el 32,9 %, que es donde más menos ha estado oscilado en el último tiempo. Por otro lado, lo que también nos muestra esa consulta es que el voto opositor es mayoritario, y que también de manera consistente durante los últimos meses ha estado por encima del 50%.

Claramente esto implicaría un problema para el gobierno, pero ese 52% no está homogéneamente encolumnado detrás de un liderazgo, de una oferta electoral específica, sino que está fragmentado.

Frente a eso, cuando uno empieza preguntar por espacio político, sin indagar por candidatos todavía, con preguntas como ¿Usted votaría por el kirchnerismo, referenciado en Cristina Fernández de Kirchner, ¿Por el Peronismo Federal, con referencias como Massa y Urtubey como los candidatos más destacados? ¿Por la izquierda? etc; encuentra que el voto opositor mayoritario se inclina a votar por el kirchenrismo.

A partir de eso, surge un escenario, que haciendo un paralelismo con lo que veíamos en 2015, no es de tres tercios, sino de dos tercios y 1/4, porque la tercera fuerza, que en nuestro caso es el Peronismo Federal aparece bastante más rezagada respecto del kirchnerismo.

En término descriptivos, entonces, es un típico escenario de polarización, porque al hacer un abordaje posicional vemos que el tercio que apoya al oficialismo se contrapone a otro tercio que está en el extremo opuesto del espectro. Y eso lo que te configura es un escenario donde los extremos son los más competitivos, y lo del medio queda centrifugado, y tiende a ser arrastrado hacia los extremos por esa dinámica de competencia que se da entre ellos.

¿Qué es lo que explica la escasa variación del escenario?  

En principio, que a la gente no le gusta cambiar de opinión, entonces el tercio de apoyo al oficialismo, que estuvo con Cambiemos en octubre de 2015, posiblemente siga apostando a hacerlo, y la gente que votó por el candidato del espacio kirchenrista en 2015 también siga manteniendo esa postura. Uno a pesar de la economía, y el otro de las sospechas de corrupción y las causas que han avanzado durante estos años.

Lo anterior se relaciona también con lo que algunos autores denominan democracias de audiencias, un fenómeno que implica que en la actualidad existen audiencias aisladas en sus posiciones, que solamente reciben información que refuerza su pensamiento, como si los mecanismos de información de las sociedades modernas, con las redes sociales sobre todo, al  multiplicar los canales, terminan por generar un fenómeno que juega en contra de que la opinión pública pueda efectivamente procesar la información y tener una visión crítica,  porque cada uno se encierra en su propia audiencia y refuerza su pensamiento previo.

Esto se ve con mucha claridad en twitter, donde tenemos lo que denomino militancia de la opinión, y las personas que tienen determinada posición política lo que hacen es brindarles argumentos a sus seguidores, que posiblemente en su mayoría tienen la misma posición política, para defenderse frente a los acontecimientos que ocurren en la realidad, con lo cual cada uno termina decodificando lo que sucede en función de su opinión y su posición previa.

Un argumento claro para pensar qué pasa con la ciudadanía ¿pero también con los dirigentes?

En ese caso creo que debemos entender que la ausencia de un sistema de partidos fuertes e institucionalizados no es algo gratuito para la democracia. Los partidos políticos cumplen múltiples funciones: canalizar demandas, porque son los canales a partir de los cuales la ciudadanía transmite sus demandas, también tienen una función, muchas veces subestimada, que es la promoción de dirigentes, son organizaciones que en su interior lo que hacen es promover dirigentes, y le acercan a la gente, a través de diferentes mecanismos internos, a los mejor capacitados, a los más preparados para que la gente los elija; y ordenan preferencias, los partidos ayudan a definir posiciones porque tienen una visión programática, una visión de la realidad. Entonces su ausencia no colabora con que la dirigencia circule, se renueva, surjan nuevos liderazgos.

¿Cómo repercute esto es las expectativas de los votantes?

Hace unos días, en un estudio cualitativo un participante decía: a veces siento que nos encaminamos a una elección donde me van a obligar a elegir entre lo anterior, y lo anterior de lo anterior. En algún punto la pelea Macri-Cristina, ese escenario parecido en términos de competencia al de 2015, está generando esa sensación sobre todo en quienes no tienen posiciones definidas.

Nos estamos encaminando a una elección donde no vamos a tener que hablar del voto de preferencia, ni de pertenencia, sino de un voto más de rechazo, negativo, casi como si lo que va a definir la posición del tercio que está dando vueltas es quien lo espanta más, qué es lo que menos quiere que suceda, porque claramente estamos encaminados hacia un escenario de ballotage.

¿Y en este marco de ausencia de renovación y liderazgos desgastados qué es lo que sucede con la gobernadora de la Provincia?

Si hacés un trabajo de tipo cualitativo lo que vas a encontrar en la provincia de Buenos Aires es que no existe la identidad bonaerense, al punto que alguna vez un colega que trabajaba en una campaña me dijo: le tuvimos que decir a nuestro candidato a gobernador de la Provincia que no le hable más a los bonaerenses, porque no le está hablando a nadie.

Efectivamente en la Provincia no hay una identidad bonaerense, no pasa como en Córdoba, en Santiago, en Corrientes donde hay identidades provinciales muy fuertes y la gente siente pertenencia. Y como hipótesis central para explicar ese fenómeno el dato es que tenés el 66 % de la población en el área Metropolitana, lindante con la Ciudad de Buenos Aires, y su visión de la realidad está construida a través de los medios nacionales, lo que miran los habitantes de la provincia de Buenos aires son medios nacionales, se informan a través de esos medios, y entienden que el responsable de su situación no es tanto el que está en La Plata, sino el que está en Capital.  Esa mirada hacia el presidente en algún punto crea una serie de limbo donde los gobernadores no son los responsables de los problemas.

Tal vez el único tema en que la gente mira más a La Plata es en el tema seguridad, que es lo que le pasaba a Scioli, los temas de seguridad lo impactaban, y es un tema que puede afectar la imagen de los liderazgos provinciales en el caso de la provincia de Buenos Aires, pero en el caso de Vidal creo que pasa algo interesante, porque desde el comienzo tuvo una estrategia de plantear la problemática como intrainstitucional.

Vidal dijo: el problema acá son las mafias de la policía bonaerense, y yo voy a luchar contra las mafias, y esa imagen de ella luchando contra las mafias, más allá del juicio que uno tenga en torno a si se avanzó o no, desde lo comunicacional le sirvió como una especie de teflón que la protege de la responsabilidad sobre ese tema; que además tampoco ha sido un tema de mucha preocupación, no porque a la gente no le preocupe, pero cuando tenés problemas económicos estos tapan el resto, los deja como relegados.

Macri es responsable de la inflación, de la crisis económica, del desempleo, la gente no le asigna a Vidal responsabilidad sobre esos temas, entonces Macri está mucho peor que Vidal a nivel nacional, y sobre todo en la Provincia.

¿La economía y la corrupción serán entonces los ejes que definirán la dinámica?

Haciendo una hipersíntesis de la dinámica electoral, efectivamente tenemos un escenario de economía vs corrupción, dos elementos que igualmente tienen dinámicas distintas, porque la corrupción está, posiblemente no tendremos sentencias, pero los indicios que se brindan desde los medios de que hubo corrupción, posiblemente sigan estando y no se modifiquen.

Ahora bien, la economía, que puede estar igual, peor, o mejor, sí va a variar. Si me guío por el consenso de los economistas, lo que ellos dicen es que lo más probable es que esté un poquito mejor al momento de votar, voy al consenso, a lo que el promedio afirma.

A la hora de pensar cómo podría operar esa mejora a mí me gusta citar a Daniel Kahneman, un psicólogo que en 2002 recibió el nobel de economía por sus aportes en el campo de la economía del comportamiento. En su teoría de las Perspectivas, donde indaga mucho en la toma de decisiones en contextos de incertidumbre, plantea un principio que dice que la gente tiende a hacer evaluaciones tomando como parámetros una referencia inmediata anterior.

Por ejemplo, si tenés tres recipientes, uno con agua caliente, otro con agua templada y otro con fría, metés una mano en el agua fría, y otra en el agua caliente al mismo tiempo y las dejás ahí un rato, y luego las retirás y ponés las dos manos en el recipiente con agua templada, la que viene del agua fría va a sentir que el agua templada está caliente, y la mano que viene del agua caliente la va a sentir fría. Las dos manos están en el mismo lugar, pero la sensación es bien distinta.

Yo creo que si el gobierno logra una recuperación, incluso modesta, posiblemente logre alguna sensación de recuperación, cuanto mejor sea esa sensación, tal vez lo que le permita es, no salvar la situación pasada -porque Macri va a entregar el gobierno con más pobreza, más deuda, más inflación- pero tal vez le ayude en un segmento clave del electorado, que son los que yo llamo desencantados. Ese 15 o 20 % que votó a Macri en noviembre de 2015, y hoy te dice: no lo vuelvo a votar ni en pedo, porque ese segmento posiblemente pueda relativizar la economía, si enfrente está el cuco de Cristina.

Entonces, si vamos hacia un escenario donde Macri define la elección con Cristina creo que una modesta recuperación le puede alcanzar al gobierno para apelar a un sentimiento antikirchnerista, que todavía sigue bastante vigente en ese segmento del electorado, para lograr el triunfo. Con cualquier otro actor opositor más moderado al gobierno se le complica bastante la situación, y te diría que estamos en un terreno de derrota.

¿Pero hoy es viable el surgimiento de algún nuevo liderazgo?

Veo poco probable que aparezca una figura nueva porque no estamos en un escenario como el de Brasil, donde si uno miraba los indicadores de satisfacción democrática veía una crisis fenomenal de confianza con el sistema. Brasil estaba en el último escalón de la tabla en todos los indicadores de satisfacción democrática, después de dos años de la peor recesión de los últimos 100 años, y con el Lava Jato de por medio, una causa que atravesó a toda la política tradicional. Una situación muy delicada y para nada comparable con la nuestra.

Lo que puede aparecer aquí es algún referente, porque el peronismo tiene dirigentes que hoy están en el escenario, y no son Cristina Fernández de Kirchner, que pueden ser candidatos competitivos para ganarle a Macri en un ballotage, pero el problema ahí es el mismo: Cristina Fernández de Kirchner, que es la que divide el voto opositor en la Argentina, y es un dilema difícil de resolver para la oposición, porque es la que aportaría más votos a esa unidad, pero para que esa unidad sea competitivamente victoriosa en un ballotage ella tendría que quedarse con la menor cantidad de acciones posible. Un dilema complejo frente al que soy bastante pesimista de que podamos llegar a 2019 con un escenario donde toda la oposición esté realmente unificada.

¿Y en términos de temas más allá del eje rector economía – corrupción tampoco se vislumbran cambios?

Creo que la dinámica en términos de debate y en términos electorales está bastante jugada y no vemos grandes temas que puedan ser disruptivos.

En algún punto creo que lo que se está discutiendo es cómo la Argentina logra encontrar el camino para un crecimiento sólido y sustentable en el tiempo. Y que el debate va a ser un debate económico, donde el gobierno va a decir que la corrección de los desequilibrios le llevó más tiempo de lo esperados, pero que finalmente encontraron el camino, por eso apelan a que una moderada recuperación les alcance para sostener ese argumento; y la oposición, haciendo referencia al kirchnerismo, va a decir que este no es el camino, que hay que ir por otro lado, con un Estado interviniendo para acelerar la recuperación, y no más endeudamiento. Pero no veo algo diferente, ni un tema disruptivo de esa dinámica, que ya venimos viendo hace tiempo.

Finalmente, como dice Botana creo estamos transitando un momento histórico particular, no solo aquí sino en el mundo, transicionando hacia un tercer estadio en términos de organización política, luego de la democracia de las elites del siglo XIX, y la democracia de masas del siglo XX, ahora estamos en una nueva instancia en términos de representación donde los partidos pierden fortaleza y aparecen las figuras, las personas como ejes alrededor de los cuales se construyen los espacios políticos en competencia. Entonces, con los mismos liderazgos desde hace varios años, las discusiones, necesariamente, van a ser las mismas.

 

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